Charlie, levántate y anda

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Esta es la historia es de un perrito llamado Charlie. Para nosotros esta historia es muy personal y emotiva, espero que os guste y os saque una pequeña sonrisa.

Conocimos a Charlie hace muchos más años de los que me gustaría reconocer. Por ese entonces, este magnífico perro vivía en una fábrica, donde conseguía comida y algo de cariño.

Desgraciadamente, un día atropellaron a este peludín delante de la fábrica.

Trajeron a Charlie a nuestra clínica, y tras el diagnóstico llegó la mala noticia: el animal tenía una luxación de columna, que le impedía caminar y solo con cirugía podría tener otra oportunidad.

En ese momento nadie quiso hacerse cargo del pobre Charlie y optaron por la opción más sencilla, la eutanasia. Tranquilos, porque los ojillos tiernos de este perrito nos impidieron hacerlo. Se propuso buscarle un hogar dispuesto a afrontar todos los gastos y cuidados que este pequeñín necesitaba.

Tras el visto bueno, nos pusimos manos a la obra. Intervenimos rápidamente al animal, colocándole un clavo y cerclajes en su columna para recolocarle las vértebras. La cirugía duró 4 horas, y cruzábamos los dedos para que el daño medular no fuera irreversible.

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Radiografía de Charlie tras la operación

Charlie se recuperó de la anestesia y, ¡a los 3 días de empezar la rehabilitación empezó a mover sus patitas y a los 7 ya estaba caminando! Esta buena noticia tenía un sabor agridulce, iban pasando los días de rehabilitación y seguíamos sin encontrarle nuevo hogar.

Pasaron días y más días y aquel perro de ojos tan vivarachos corría por la clínica, jugando y buscando las caricias de todos. Una clínica no es lugar para criar a un perro, así que, por unanimidad, decidimos que esta situación tenía que terminar.

A la mañana siguiente, Charlie se subió a nuestro coche, estaba muy asustado. Pasó todo el trayecto llorando y buscando mis manos para que le acariciaran. Supongo que esa cabecita sabía que sus días en la clínica habían terminado y estaba temeroso de volver a la calle.

Cuando el coche paró y abrimos la puerta, Charlie no quiso bajarse. Tuvimos que llevarle en brazos a su nuevo hogar… nuestra casa. 

Hasta día de hoy podemos decir que es un gran guardián y el jefe indiscutible de la manada (a Charle se le unieron después más amigos de cuatro patas). No le quedaron secuelas de aquel accidente y nos sigue deleitando con sus carreras a toda velocidad… ni nosotros nos creemos que ese perro estuvo un día partido en dos.

¡Ah, y todavía le sigue teniendo un miedo atroz a los coches!

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